EL NILO UN RIO MISTERIOSO
La agricultura de la región ha progresado desde aquellos tiempos: la simiente ya no es pisoteada por los carneros, o como observó Herodoto en el siglo V a.C., por los cerdos. Algunos de los antiguos instrumentos todavía son de uso cotidiano, por ejemplo el shaduf, introducido durante el Imperio Nuevo (aproximadamente 1567-1085 a.C.). Este simple mecanismo permitía sumergir un cubo en el agua y luego elevarlo por medio de un contrapeso. En los años que siguieron a su invención aumentó considerablemente la extensión de tierra cultivada, y hoy día todavía es utilizado por los egipcios.
Pero el cambio más espectacular de los últimos años lo ha constituido la Gran Presa de Asuán, construida en 1971, y la consiguiente creación del lago Nasser, el mayor lago artificial del mundo. Ahora es posible irrigar durante todo el año; sin embargo, la gran inundación anual ya no existe, la crecida del río se ha reducido considerablemente, y el sedimento que a lo largo de los siglos sirvió a Egipto se ha visto mermado.
En algunos lugares el desierto está ganando terreno: allí donde los palmerales antaño prodigaban su fresca sombra, ahora sólo ondean unas cuantas frondas dispersas sobre la cima de las invasoras dunas, y los verdes campos están siendo devorados por las batientes arenas.
Los Dioses De La Vida
La vida cotidiana en el antiguo Egipto estaba entretejida de observancias y rituales religiosos. El río se asociaba con cierto número de dioses, siendo su deidad particular Hapi, Gran Señor de los Alimentos, Señor de los Peces. Según la creencia popular, Hapi era responsable de las crecidas, derramando el agua de su jarro sin fondo, sentado en una cueva protegida por serpientes al pie de las montañas de Asuán. Anualmente se hacían sacrificios en Yabal Silsila para asegurarse de que inclinara su jarrón en el ángulo adecuado: demasiado volcado podía significar un diluvio, y demasiado poco significaría sequía y hambre en todo el país.
Una estatua de Hapi, que se encuentra ahora en el Museo del Vaticano en Roma, lo muestra con 16 niños, cada uno de ellos de la altura de un codo. Esto simboliza el hecho de que si la crecida anual no alcanzaba los 16 codos (unos 8 metros), entonces la tierra no florecía y su gente padecía hambruna.
Hapi encarna al Nilo, pero el río también está vinculado con la vida y la muerte de Osiris, el dios del mundo de ultratumba. Simbólicamente, la historia de Osiris refleja la vida del gran río. Durante su reinado en Egipto fue asesinado por su malvado hermano Set, y los fragmentos de su cuerpo fueron esparcidos por todo el país. Su consorte, Isis, tras una concienzuda búsqueda, reunió los miembros dispersos y lo resucitó. Tras su resurrección, tuvieron un hijo, llamado Horus, el siguiente rey de Egipto que también fue divinizado.
Entonces Osiris descendió para gobernar el mundo de ultratumba.La vida y la muerte de Osiris simbolizan la muerte y resurrección anual del Nilo. El malvado Set es el ardiente viento del desierto que consume las aguas. Osiris está muerto cuando el Nilo está seco, y su cuerpo es encontrado por Isis el día de su crecida anual. Al igual que Osiris fecunda a Isis, creando nueva vida y esperanza, el río anega sus orillas para fertilizar los campos. Osiris es el Nilo, Isis la tierra: la unión de ambos es la unión perennemente productiva del agua y del suelo.
Monumentos Conmemorativos Del Pasado
La prosperidad en torno al Nilo permitió a los egipcios edificar magníficos monumentos a lo largo de su cauce: templos y monumentos a los antiguos dioses y reyes. Inevitablemente, las exigencias del progreso han entrado en conflicto con la necesidad de preservar el pasado. Ambas consideraciones fueron espectacularmente reconciliadas con la construcción de la presa de Asuán, que salvó a los templos de Abu Simbel de ser sumergidos por las aguas. Los dos templos, esculpidos en las faldas de la montaña en la orilla oeste del Nilo, fueron trasladados, mediante una sorprendente obra de ingeniería que terminó en 1966, 64 metros más arriba de su emplazamiento original.
Los templos fueron construidos en tiempos de Ramsés II, el tercer rey de la IX dinastía. Durante su largo reinado (1290-1224 a.C.) se edificaron aproximadamente la mitad de los templos egipcios que subsisten, la mayoría erigidos para celebrar sus hazañas contra los hititas y conservar el imperio asiático de Egipto.
Ramsés también dejó su huella más abajo de Abu Simbel, a lo largo del río, donde un asombroso despliegue de monumentos rodea la antigua capital de Tebas. Allí se encuentra Karnac, uno de los templos más impresionantes del mundo. Los magníficos pilares de su sala hipóstila, elevándose a gran altura y formando grandes grupos con sus macizas basas, parecen concebidos para dar paso a grandes seres incorpóreos.
El enorme conjunto está dedicado al faraón Amón, de cabeza de carnero, dios de Tebas, ulteriormente identificado con Ra, el dios sol, y convirtiéndose en Amón-Ra, el rey de los dioses durante el apogeo de Tebas. Las ruinas cubren unos 20.000 m², y comprenden los restos de avenidas bordeadas de esfinges, enormes puertas de acceso, santuarios y templos, y un lago sagrado. Junto a Tebas se encuentra Luxor, también dedicado a Amón; y atravesando el Nilo desde Luxor se extiende el Valle de los Reyes, donde fueron sepultados la mayoría de los monarcas de la VIII dinastía (aprox. 1570-1342 a.C.). Los más famosos monumentos de Egipto se encuentran al norte, casi a la entrada del delta, donde se elevan los colosales volúmenes de las pirámides de Gizeh, últimas supervivientes de las Siete Maravillas de la antigüedad.
Junto a las orillas del Nilo, las humanas actividades diarias reafirman el antiguo ritmo de la existencia. En algunos lugares, éste parece haber cambiado apenas desde que los viajeros victorianos acudieran a pintar el río en todos sus aspectos, y pudiera no ser tan diferente de los tiempos de los faraones.
Debido a la construcción de la presa de Asuán, los ingenieros se vieron obligados a trasladar los templos de Abu Simbel 64 metros más arriba, para que no fuesen sumergidos por las aguas de la nueva presa.
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