LA CONSTRUCCION DE LAS PIRAMIDES
Se tiene la casi certeza de que el primer ser humano que construyó una pirámide en Egipto fue el legendario Imhotep, el ingeniero más grande de su época, muy superior a Dédalo, autor del laberinto de Creta donde sería encerrado el Toro de Minos.
Este Dédalo personaje que muy bien pudieron copiar los griegos de Imhotep inventó un robot que lanzaba rocas desde un acantilado a los barcos que se aproximaban demasiado, además de idear unas alas recubiertas de cera que condujeron a la muerte a su hijo Ícaro. Esta primera víctima de la aviación, ¿simbolizaba acaso a la ignorante humanidad que no estaba aún en condiciones de utilizar los aparatos fabricados por sus maestros?
También se ha querido identificar a Imhotep con Prometeo, personaje de quien nos ocuparemos más adelante. En esta ocasión se dedicará la atención a este hombre que construyó en tiempos del faraón la primera pirámide escalonada, en la región sagrada de Saqqarah.
Hubo Mucho Interés En Localizar Su Tumba Imhotep dominó el campo de la física y de la magia y debió conocer las propiedades de las pirámides, entre las que se contaba la de conservar la materia orgánica en perfecto estado durante tiempo indefinido. ¿Aprendió este secreto de alguien o lo trajo a Egipto de su país de origen? ¿Fue por aquellos tiempos que los antiguos egipcios comenzaron a pensar en la resurrección, en el más allá y en la reencarnación? Al faraón Djoser debió interesarle la explicación que le dio Imhotep sobre la posibilidad de resucitar algún día. Por esta razón le prestó todo su apoyo para que construyese una pirámide apta para momificar su cuerpo el día de su muerte. Al llegar este momento, Imhotep se ocupó de poner en condiciones el cuerpo del faraón.
Pero debió olvidar un pequeño detalle: los ladrones de tumbas, que estaban esperando el momento de introducirse hasta el interior de la pirámide y apoderarse de los tesoros que acompañaron a Djoser en su última morada. ¿Se molestó Imhotep en extremo al enterarse de que la pirámide había sido saqueada y se juró a sí mismo utilizar la pirámide sólo con fines momificadores, para conducir más tarde la momia a su tumba definitiva? ¿Sabía perfectamente lo que iba a suceder y, por esta razón, pensó en lo bueno que sería buscar para su persona un lugar inasequible, de tal manera que no fueran a localizarlo los amantes de lo ajeno? ¿Regresó a su patria el día que sintió aproximarse la hora de su muerte?
En general, los egiptólogos no han tomado en cuenta estas posibilidades. Pero hubo uno, el británico Walter Bryon Emery, que llegó a una conclusión después de estudiar largo tiempo la región de Saqqarah: la llave que conduciría al conocimiento del mundo egipcio antiguo ha de encontrarse por fuerza en esta zona. Y dentro de la zona de Saqqarah, el lugar más importante debe ser la tumba de Imhotep.
Este arqueólogo había llegado ya al convencimiento de que la región ocultaba otro enigma más. No comprendía cómo no han aparecido huellas de civilización en el Egipto anterior al año 5000 antes de Cristo y, de pronto, el pueblo que los historiadores consideraban en estado aún primitivo comenzó a construir edificios, a esculpir estatuas, a fabricar piezas de arte, a utilizar la escritura, a practicar la medicina y a demostrar que poseía increíbles conocimientos científicos. ¿Fue gracias a maestros como Toth e Imhotep que Egipto se convirtió casi de un día para otro en un pueblo supercivilizado, que nos sigue maravillando? No había más remedio que hallar la tumba de Imhotep. Sólo así podría aclararse el enigma.

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