MITOLOGIA EGIPCIA EGIPTO
No podemos establecer una clasificación de los dioses como en el panteón griego. Todos los dioses que en algún momento fueron supremos creadores del Universo son dioses locales, elevados al primer puesto del panteón por decisiones propias del faraón o asimilados cuando la capital se trasladaba a alguna localidad en la que eran venerados. La religión egipcia es una historia de dioses locales, muy pocos fueron adorados en todo el territorio, y no se puede hablar de un dios de la guerra, o un dios de la vegetación o de la fertilidad, porque cada localidad tenía su propio dios para cada uno de estos aspectos.
En muchas ocasiones se asociaban unos dioses con otros reuniendo, en torno a uno de ellos, características de ambas, proceso que por otra parre resuelve en muchos sentidos los procesos de síntesis religiosa. Ra era el dios del sol, supremo creador, pero Amón, que inicialmente no fue más que un dios secundario del viento y el aire se transforma en dios supremo durante la XII dinastía cuando se traslada la capital a Tebas y entonces es venerado como Amón- Ra.
Es de destacar la revolución que durante el periodo de Akenaton (Amenhotep IV) se produjo en el mundo de la religión. Su importancia reside en que fue la primera religión monoteísta conocida, e influenció posiblemente en las creencias monoteístas de Moisés.
Amenhotep IV impuso como único dios el disco dólar Atón. Su padre Amenhotep III había introducido su culto durante su reinado, pero no de forma única. Fue Akenaton quien lo implantó como único y verdadero dios, anulando todos los cultos al resto de dioses que hasta entonces predominaban. Los sacerdotes nunca aceptaron esta imposición y a la muerte de Ajenaton, Tutanjamon restauró el culto a las antiguas divinidades. Los siguientes faraones se encargaron de enterrar todo lo que Atón representaba e incluso la ciudad fundada por Ajenaton quedó desierta y enterrada. La tumba del faraón ya fue saqueada poco tiempo después de su muerte posiblemente como venganza a su intento de acabar con el politeísmo reinante hasta entonces.
Los dioses se agrupaban muchas veces en triadas, eneadas y ogdoadas, grupos de 3, 9 y 8 dioses respectivamente, emparentados. Nos encontramos que los mismos dioses pertenecen a 2 triadas diferentes según las localidades, y sus esposas e hijos no son por tanto los mismos según se trate de una ciudad u otra, lo cual hace aún más difícil la clasificación de la que antes hablábamos. Además de los dioses locales o estatales existían los pequeños dioses o genios protectores de la familia y el hogar y los amuletos con determinadas propiedades. Estos se representaban en espejos, reposacabezas, o amuletos que llevaba el pueblo para alejar los malos espíritus. Muchos de estos objetos eran enterrados con el difunto para que le protegiesen en el Mas Allá.
No podemos entender el culto en los templos egipcios tal y como lo consideramos hoy en día. El pueblo acataba las deidades impuestas por el estado pero no olvidaba sus dioses locales. Además tenía prohibido el acceso a los templos, que no eran un lugar de culto, sino la casa del dios. Sólo en determinadas festividades el ídolo salía del templo, pero aún entonces el pueblo no podía verlo pues iba encerrado en una urna o bajo un velo que lo alejaba de las miradas del pueblo. Sólo el faraón y los sacerdotes responsables del cuidado del templo podían acceder al santuario, lugar en el que se albergaba la imagen del dios.
